El Made in Italy: el hacer las cosas bien

El Made in Italy: el hacer las cosas bien

Giulio Iacchetti - Industrial Designer

 

Tres son los Países en el mundo en donde el «Made in» añade un particular valor a nivel de especificidad y reconocimiento: Alemania, China y, obviamente, Italia. Si Made in Germany sugiere precisión, fiabilidad, solidez, el Made in China por contra nos lleva a una producción en masa, sin destacar por la calidad y con poco valor añadido. Pero cuando llegamos al Made in Italy se abre ante nosotros un mundo de conocimiento y sabiduría, de variedad e inclusión, innovación ligada siempre a la tradición que convierte a nuestro país en único.

Mi trabajo me lleva constantemente a encontrar y, a menudo a buscar, excelencia productiva con la que implantar itinerarios de proyecto: es así desde hace aproximadamente treinta años. Desde mi primer día de trabajo he recorrido las calles de toda Italia para encontrar personas en lugares donde las cosas «ocurren», donde las ideas desembocan en soluciones y productos, donde la pasión de capitanes de empresa especiales está en la base de tantos éxitos y excelencia de una calidad sin parangón. Por tanto, podría sentirme con autoridad, gracias a mi especial observatorio, como para discutir sobre el Made in Italy y sobre el porqué Italia ha adoptado este rol en el mundo. Pero no es así. Solo puedo transmitiros mi sincero estupor y, a grandes rasgos, la profunda conmoción que siento cuando veo y siento con cuanta tenacidad los emprendedores italianos y sus empleados afrontan las muchas precariedades de un país como el nuestro, devolviendo al mundo belleza y singularidad. En otras palabras, aún no sé porqué Italia se ha convertido en un referente en el mundo con las famosas «4 A» sobres las que se basa la exportación nacional, concretamente: Alimentari, Abbigliamento, Arredo e Automobili/ automazione (Alimentación, Textil, Decoración y Automoción/Automatización), pero yendo más allá no logro explicarme porqué Italia es capaz de romper continuamente récords en sectores de producción aparentemente marginales como las máquinas de helado, grifería, fabricación de zapatos, de gafas y, obviamente, en la producción de pasta (por citar solo algunas).

Cuantas historias se entrelazan cuando quien habla es la Italia de la excelencia: quizás sería necesaria una investigación sociológica más que económica para entender donde nace esta pasión por la calidad tan nuestra. A decir verdad, me he hecho alguna idea: quizás somos un País de emprendedores nunca satisfechos del todo con lo que había, y preparados para encontrar soluciones inéditas para superar límites considerados como infranqueables. La escuela de la precariedad ha formado una clase de mujeres y hombres animados por la necesaria determinación de convertir en más bello y acogedor nuestro mundo, cada uno por su parte: ya sea una cama, un violín, un jarrón de vidrio soplado o un veloz automóvil rojo que, atravesando como una rayo la llanura, dibuja una línea que va desde el pasado hasta el futuro, desde el sueño al deseo, embajador especial de una Italia que cada día decide hacer las cosas bien.

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